miércoles, 30 de abril de 2014

Ex-Changes


Una diva
 tiene tu carnaza
entre sus dientes
que mordieron la ruta
sin  sombras y penitencia
donde alguna vez le preguntaron 
si todo esto iría bien
y ahora bañado en carbón
le dices
Adiós, amor, adiós
Que vaya bien
confesaré por ti
 que mordiste
esa noche boreal primitiva
y pienso en la religión
Adiós, amor, adiós


martes, 29 de abril de 2014

Ex-Changes


Hay cosas que tenemos que aprender
aunque el silencio del crupier
sean cartas repartidas 
por el temor a matar.
Así que si alguien te vuelve a prometer amor
prepárate para fundir la duda sobre su triste canción
encendiendo las luces del universo
que se hizo sin tu voluntad.
Después, con el miedo en tu mirada,
desde la esquina del sillón,
me suplicaste que dejara
soltar la cuerda de mi guillotina
por no pude aceptar
que esto se trata de morir o de matar.
Ya de pequeño
quise parar el tiempo
del reloj de nuestro perdón
para sentir que nunca me abandonarían.
Un buen día creí conocerte
y que tal vez tu serías mi eternidad.
Cuando no tenías nada que hacer
era yo quien volvía a recaer
en las letras de que me tiraron a tu arcén
Y aún me recibes sonriendo
mis ojos de loco,
deslizando el azar
por tus dedos 
que dijeron la verdad de todo esto.

Ex-Changes


Ahora que el día ya va a anochecer
perdí en el juego mi vista,
de tu falda corta con
otras fuerzas que no son las mías.

Y ahora que tengo más que perder
ya suena extranjera tus prisas,
por los restos de tu neceser
en una cuenta atrás para huir
del ruido de las bombas.

Y ahora que no puedo hacer más
que pedir perdón
por bajar contigo del Everest
voy a rogarte por favor
que no vuelvas para recoger
ninguno de nuestros pecados.

Y es verdad que estuviste bien
como es verdad que pasará otro día
o que siempre nos quedará 
más frío que calor,
dónde romper nuestras rodillas.

El creyente







En el arte de la disipación 
el bufón asperger es el rey.




sábado, 26 de abril de 2014

Documento Nacional de Diferencia (I)



Hay una cosa en la que coinciden la mayoría de las religiones y filosofías: buscan hacer de la persona un todo coherente entre sus partes. Ya sea bajo la forma del desarrollo espiritual, de la obediencia a un código divino o de la adopción de una ideología huérfana, nuestra especie tiene por costumbre considerar que es deseable que todas las acciones, pensamientos, manifestaciones de nuestro ser puedan ser comprendidas desde un único patrón. En nuestra época, ese “aglutinador” se remite a la ideología o la ética. Yo en estos casos tiendo a identificarlas, porque, siendo la ideología la guía de comprensión de los fenómenos externos y la ética la guía de comprensión de los fenómenos internos, me parece que forman un continuo cuya contradicción suele ser infrecuente.

Somos criaturas que tienden a perseguir una causa, por ridícula e irracional que pueda parecer, para dar un sentido a nuestras vidas. Este sentido se pone en práctica mediante la condena a las actitudes y los hechos que contradicen el código que esa causa nos inculca. Los católicos que frecuentan los bares de alterne o los progres que compran en Zara coinciden, si no en sentirse culpables cuando reflexionan sobre ello, sí en admirar unánimemente a esas mujeres y hombres que sí abanderan una ética personal intachable, a los que mueren por sus ideas, los que comen hierba, los que se desviven por ganarse un sitio en el cielo. Es más, conforme se amplía la distancia entre su código ético y sus actos, tanto más crece su admiración hacia esos héroes inmateriales con los que se identifican y en los que delegan sus conflictos internos. Es el intelecto el culpable de esta admiración, pues para él todo lo que tienda a ser razonable es superior: las personas razonables lo son. Como el intelecto es la única instancia, de todas las que nos afectan (sentimientos, valores, intuiciones…), que puede justificarse a sí misma, acatamos sin rechistar su geométrica admiración hacia lo consecuente consigo mismo.

Así, pues, ponemos nuestro arsenal pasional al servicio de la razón. Aunque seamos capaces de llorar tras ver un documental sobre los excesos del capitalismo financiero, o a estremecernos con un libro sobre el Holocausto, las pasiones en ningún caso se superponen a lo intelectual: que nos conmovamos o no depende de qué ideología hemos adquirido, y esa ideología se fundamenta, en última instancia y aunque no queramos admitirlo, en una serie de argumentos, irracionales, falaces, lo que sea, pero argumentos. Es una falsa creencia la de que la política es cosa de pasiones: en realidad, toda visión del mundo tiene su sustento en el pensamiento. Aunque un skinhead y un antifa participen de sentimientos semejantes, y pese a que parezcan haber sustituido sus cabecitas por hormonas y arietes, esos sentimientos se disponen de una forma u otra, se encauzan por unas vías u otras, se activan con un acontecimiento u otro sólo en función del trasfondo teórico que cada uno ha adoptado previamente. La exaltación emocional, del mismo modo que se pone al servicio de conceptos como la clase obrera o la Libertad, también se pone al servicio de la idea de “integridad”. Por ello, a muchos nos conmueve ver a un ser humano cuya persona pública se las da de "íntegra", y casi nos aterra la idea de investigar y potencialmente descubrir los hipotéticos trapos sucios de Gandhi, Mandela, Adolfo Suárez o el bueno de Miliki.


viernes, 25 de abril de 2014

El ruido y la furia.






Sigo viéndola. No se va de mis pupilas. Está sentada, a ras de suelo, mirándome fijamente. Acaricia a nuestro gato Bowie mientras la noche ocupa los restos de nuestro naufragio.


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