viernes, 28 de octubre de 2011

Tengo un agujero en mi calcetín


Hoy me miré los pies y me di cuenta de algo. Tengo un agujero en el calcetín, un agujero en mis calcetines verdes, justo en el dedo gordo, y lo deja al descubierto, desprotegido.


No puedo parar de mirarlo y pensar que quizás sea más que un simple agujero en mi calcetín, que quizás se trate de un vórtice espacial, un agujero negro que se traga todo lo que encuentra, y quizás por eso últimamente echo en falta tantas cosas. Ahora le miro con odio, no con la curiosidad inicial. Empiezo a detestar al agujero de mi calcetín.
Seguro que por su culpa perdí aquellos 20 euros de mi cartera, seguro que por culpa perdí la llave mi habitación, seguro que por su culpa perdí mi libro favorito, seguro que por su culpa les perdí, seguro que por culpa perdí aquellos momentos tan perfectos, aquellas sonrisas y aquellos anhelos.

Te odio, te odio maldito agujero. Te has llevado muchas cosas, y seguro que estás planeando llevarte muchas más, ¿verdad? Nunca estarás contento si yo tengo la oportunidad de estarlo. Y sin embargo pareces tan inofensivo, tan sólo un agujero en el calcetín verde de mi pie izquierdo. Pero no puedo parar de mirarte. Quizás me esté volviendo loca, y quizás sea porque ya te has llevado algo más: mi cordura.

Qué avaricioso eres, maldita sea, qué avaricioso eres. Te voy a tapar, te voy a coser y te voy a remendar. Tan sólo tengo que coger la aguja y… y… y…

No puedo. Simplemente no puedo. Tan sólo eres un agujero… un agujero en mi calcetín. Puede que por tu culpa tenga el dedo frío y molestias al andar, quizás incluso sea cierto que me has estado quitando cosas… pero eres un agujero.

Sólo un agujero.

jueves, 27 de octubre de 2011

Mi desequilibrada mental favorita


Me hallaba en la consulta de la ginecóloga extrañado, como viviendo en un reino que no me pertenecía. Era maravilloso, ni un hombre a la vista. Todo hecho para mujeres. Desagradable, sí, la impresión de que todo el mundo me mirase, como preguntándome qué hacía allí, pero por fin la enfermera dio mi turno y entré.

La estancia era muy acogedora, también. A mí no me ponían nervioso los aparatos esos diseñados para… para vete tú a saber qué están diseñados, y sin embargo, allí estaba ella, mi desequilibrada favorita, la persona menos cuerda que conozco, la Ginecóloga. Sonreí y nos abrazamos como viejos amigos, como personas que se encuentran después de hace mucho tiempo.

Estallamos en carcajadas; no era así, nos habíamos visto hacía muy poco. Una broma típica y trillada para romper el hielo. Le pregunté cómo había acabado la noche. Como siempre, ella rió y desvió la vista un poco para otro lado, indicando que si me lo contaba, se pondría en evidencia. 

Le devolví un gesto amable, pensando que, de todas formas, ya estaba en evidencia. Que a mí no me engañaba y yo ya sabía de su carácter. Se lo dije, con un tono de broma, para no enfriar la conversación y no herir sus sentimientos.

- Bueno, sí, ya sabes… pero bueno, no te creas que todo esto cae en saco roto. Lo hago por un motivo – su cara se puso un poco más seria.  – De hecho, que estés aquí me viene muy bien…

- ¿Y eso? –

- Bueno, ya sabes. El gobierno está haciendo recortes, así que esta consulta de ginecología y un par más de la ciudad vamos a estar dando consultas gratis de ginecología durante un tiempo. 

Especialmente, las daremos a chicas jóvenes… Como a ti te gustan, jijiji… Sin que se den cuenta, las embarazaremos. Así tendrán que venir muchas veces más, durante un tiempo. Eso nos sacará de la crisis, además, imagínate qué delicioso, esas caritas desesperadas diciendo a sus madres que no tienen ni idea de cómo se les metió eso ahí… ¿Sabes? Muchas personas creen que debe haber una razón consecuente para hacer algo malo. Y no hace falta, a veces, sólo el placer de estar haciendo algo incorrecto, tan sólo... la idea...  - (y estalló en carcajadas)

No veía la relación conmigo y así se lo dije.

- Venga, hombre. Te he llamado porque se me han acabado las reservas, y me imaginé que tú vendrías inmediata y puntualmente. Y que no te asustarías, como otros, si te saco un vaso.

- ¿Qué? ¿Perdona? ¿Me vas a hacer irme al servicio solo y devolverte un vaso? Creía que teníamos confianza.

Me miró, lasciva. Yo acababa de enseñar mis cartas, era arriesgado pero oye, quizá fuese la única vez que tuviese oportunidad de decir algo así. Puso cara de asco y se dirigió hacia mí. Yo pensé que iba a matarme, pero sólo me empujó contra una especie de camilla, uno de esos aparatos raros, y con una habilidad sorprendente me desabrochó los pantalones.

- Avisa, ¿eh?

Me corrí en su cara.

miércoles, 26 de octubre de 2011

La mecánica ente tú y yo

(Después de un emotivo saludo, los dos literatos toman asiento en la modesta cafetería de cartel luminoso)



- ¿Luis, No te irías de putas con Bukowski?
- Sí Francisco, pero no lo soportaría borracho.
- Claro, valiente. No me escondas que vives a costa de él.
- ¡Eh! No me confundas con un modernillo. Después de leer dos libros de Bukowski ya te lo sabes de memoria. Me gustaron “La máquina de follar” y “Escritos de un viejo indecente”, a partir de ahí me agotó.
- (Risas) ¿A cuántas chicas te has tirado con esa misma frase?
- Mi listón no baja de Lacan y Borges. ¿Hoy te measte, de nuevo, en la cama?
- Probé dormir con el pastiche insoportable que es la música étnica de Radio 3 y cuando empalmaron con S.XXI empezaron con mis dignos calambres de entrepierna. Pero eso sí, he dormido bien. Esta noche intentaré que me sodomice Mia Wallace.
- Nunca debiste dejar el cóctel de somníferos, alcohol y Zyprexa.
- ¿Y volver a la adicción? Dice mi psicoanalista que la respuesta reside en los puros de Dustin Hoffman.
- ¿Antes o después de tu segundo intento de suicidio? Menudo numerito.
- Tienes que entender que tanto el fracaso de mi segundo matrimonio como al desastre de mi última novela precipitaron los acontecimientos.
- Ya…
- De todos modos. ¡Eh! Mírame, soy un hombre nuevo. Tengo un nuevo proyecto entre las manos, todos los sábados tiro unas canastas con mi hijo y recuerdas a Carolina… La rubita universitaria.
- ¿Quién?
- Si hombre, la amante de Lynch, aquella que nos recitó los primeros capítulos de “Trópico de Cáncer” mientras la emborrachábamos en tu piso a costa de un tequila barato.
- La recuerdo, menudo polvo.
- Si, ella me encuentra irresistible, batimos varios records olímpicos mientras que tú… tú le sigues regurgitando  “El principito” a tu pequeña. No lo entiendo ¿quién te ha visto y quién te ve? Si hace dos días coqueteabas con el “Crack”. (Malhumorado) Y va… y se presente la dichosa mudita y te reformas. ¿Qué harás con tu pose de poeta maldito? Si te soy sincero yo la compraría, así mi asesor fiscal dormiría tranquilo.
- Ahora mi soneto perfecto es cambiarle los pañales a mi hija.
- ¿Y esta noche quién lo está haciendo? ¿El microondas?
- Ya no me apetece largas noches de insomnio persiguiendo versos al borde del precipicio y cuchillos en los cajones.
- Te traicionas, amigo mío, ¿recuerdas el manifiesto del ochenta y cuatro? La creación tomada por estúpida y redimida al marco del arte. Siempre y cuando, lo que entendamos por arte, sea una cola light.
- No me toques las bolas a los catorce era mejor que Neruda a los veinte.
- Tu siempre tan humilde.
- Pero Neruda siempre será mejor que yo.
- ¿Y eso qué quiere decir?
- Que las noches detrás del sexo y la carne se las reservo a cualquier jovenzuelo. Ahora me limito a contemplar la misma grieta en la pared.
- No, no, no… Perdona tú has optado por la redención burguesa del individuo aislado que no quiere morir solo ni babeante. Te aburriste de tu largo fin de semana perdido tras oler el aroma del éxito y te uniste al club de los “Progres” de medio pelo. Esa misma élite que odiabas tanto los “intelectuales”.
- Bueno, ya es suficiente, voy a pedir ¿Qué quieres?
- A Beatriz y su regaliz.


Texto escrito por: Viceversa27 y El Hombre Satélite.

lunes, 24 de octubre de 2011

La descomposición

[...] había empezado.

El otro día pasé por enfrente de tu casa, y olía a pucheros. Yo es que no sé lo que tiene tu casa que siempre huele a pucheros. Y no es un olor agradable, de hecho, lo odio. La gente suele amar el puchero como ama a su madre, y creo que la diferencia está en que yo no tuve madre. O al menos, no la recuerdo.

Vaya tontería, dirás. Sí que tuviste madre, y luego añadirás: yo la conocí.

Maldito seas por siempre, diablo emperifollado. Sé de buena tinta que fornicabas con mi madre y que por eso tu casa olía a pucheros. A mí no me engaña tu afición a los muslos blancos o mojar en tocino el pan de hoy.  En esta conversación imaginaria que estamos teniendo, te diré mis últimas palabras:

Yo nunca tuve madre y ese traje negro nunca te sentó bien, nunca lo hizo hasta hoy, en esa bonita caja de madera de fresno.

(La clave está en que él también lo amaba)

domingo, 23 de octubre de 2011

Aquel Adán que inspiraba a Eva.

Debe comprender que todo fue un plan de huida, magistralmente estudiado por dos mentes que dejaron de cuestionar su propia existencia. Coaccionados para comprender obligaciones al fingir un par de sonrisas sobre un medio perfecto (totalmente inerte).
Sus aventureros corazones rugían fuertemente con cada traza sobre el plano que describía con precisión la evasión.
Pronto todo estuvo listo para la partida.

Esta vez el amor fue capaz de batir a la prominencia.
Adán con su amante la ardilla caminaba algo distante de Eva, acompañada de su última pareja formal. Un mamut de buena posición (un auténtico portento).

Próximos al conducto que les conduciría a la libertad, decidieron retener una última panorámica del paraíso que se extendía tras sus pasos. Se besaron como nunca antes lo habían hecho:

Mamut — ¡Oh, Eva!
Eva — Querido mio, no te atrevas a aventurarte sin mi en la lejanía.

Adán — ¡Oh, ardilla!
Ardilla — Querido mio, yo seré tu soledad.

Dispusieron que fuera Mamut quien liderara el grupo por sus dotes de carisma y liderazgo demócrata. Para su desgracia, una vez fuera del escarpado canal, este huyó espantado recluido a los más íntimos confines de su instinto animal.

Nada se supo de ardilla.

Únicamente el raciocinio imperó en el nuevo mundo. Para colmo Adán había olvidado el pic-nic y ninguno de ellos sabía cocinar.

Retrocedieron al paradigma de la autosuficiencia (tierra de lobos).
Un encuentro en un simple “no sé qué hacer”.

sábado, 22 de octubre de 2011







Hizo un abnegado intento de buscar la palabra. La buscó a través de las montañas, cavó túneles y removió valles. Profanó tumbas y arrasó ciudades hasta que no quedó nadie en la tierra que no fuese afectado por aquella fastuosa cruzada en busca de una única palabra.


Pero no la encontró de este modo. La encontraría, sin darse cuenta, a través de las edades.
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